Caló remarcó que «las obras sociales no son un antro de corrupción»

El titular de los metalúrgicos destacó la recuperación de la UOM y se quejó: «No se puede permitir que un sindicato le venda un sello de goma a la medicina prepaga para que atienda a sus afiliados.

El secretario general de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), Antonio Caló, afrontó con valentía la convocatoria de acreedores de la obra social que en 2000 «puso a la organización al borde de la desaparición» pero que hoy, bajo su supervisión, continúa recuperándose. Caló sucedió democráticamente en 2004 nada menos que al mítico Lorenzo Miguel (fallecido en diciembre de 2002) y revalidó su mandato en 2008, y se puso al frente de los cambios.

¿Por qué la obra social llegó a la convocatoria de acreedores?

La política antiindustrial de la década de los 90 casi nos hizo desaparecer -fue tajante-. La UOM se había quedado con 70.000 afiliados en comparación con los 200.000 que tuvo históricamente. Hubo que llamar a concurso de acreedores, que hoy estamos pagando, y debimos vender parte de nuestro patrimonio. Esa situación formó parte de la crisis política de 2001 (recordó). Ahora que tenemos un país floreciente, pareciera que todo eso no hubiese existido…

¿Cómo fue recuperándose la obra social?

El gobierno de Nestor Kirchner en 2003 empezó nuevamente a apostar a la industria nacional y se fue recuperando la obra social, que por suerte pudo ir cancelando los pagos de las cuotas del concurso, que vencen en 2018. Caló describió la situación actual: «Hoy la UOM tiene 230.000 afiliados -dijo con satisfacción-, gerenciamos la obra social (con Forjar Salud) pero bajo mi supervisión. Le pongo toda mi pasión al tema para que los trabajadores tengan la mejor atención -subrayó-. Ahora atendemos 20.000 consultas por mes. Y aunque siempre queremos mejorar, cuando recuerdo de dónde venimos, si un delegado me dice que hay cinco quejas, entonces pienso que vamos bien…».

¿Qué opina de la situación de las obras sociales?

Que hay un grave desfinanciamiento del Estado con ellas, y que encima tenemos que depender de que no den ese dinero cuando se trata del aporte de los trabajadores. Hay cuestiones que no acepto. Por ejemplo, no se puede permitir que un sindicato le venda un sello de goma a una empresa de medicina prepaga para que atienda a sus afiliados. Nunca compartí esa actitud de deslealtad entre los propios sindicalistas y siempre traté de combatirla.Tenemos 170.000 afiliados con los sueldos más bajos porque el resto, con los honorarios más elevados, se los llevan las empresas.

¿Cómo es la relación de la obra social metalúrgica con la SSSalud?

Siempre fue muy buena y estamos abiertos a que nos controlen. No tenemos nada que esconder.

¿Y qué dice de las acusaciones contra las obras sociales?

Me afecta que cuando surgen las denuncias por el caso de supuestos troqueles falsos y remedios
adulterados, nos acusen injustamente y piensen que las obras sociales son un antro de corrupción. Nosotros le damos salud a 700.000 personas. Nos sometemos a las decisiones de la Justicia y recibimos allanamientos. Pero tenemos el orgullo de decir que se llevaron 52 expedientes para analizar, pero que esas personas viven y que no hubo ninguna irregularidad. •

FUENTE: Revista LA SALUD EN LA SEGURIDAD SOCIAL (de la Superintendencia de Servicios de Salud)